viernes, 25 de julio de 2014


En el antiguo testamento, el Señor nos habla en Éxodo 29:13: Tomarás también toda la grosura que cubre los intestinos, la grosura de sobre el hígado, los dos riñones y la grosura que está sobre ellos y lo quemarás sobre el altar. Todas estas cosas se escribieron como ejemplo  a  nosotros; el Señor utilizó figuras de animales, de vísceras y de intestinos, para enseñarnos una realidad espiritual.

Cuando leí este pasaje quedé impactado, ya que son muchos los creyentes que esperan estar preparados o estar bien espiritualmente para poder servirle con agrado al Señor. En las iglesias abundan personas que por mucho tiempo han estado bregando con ciertas circunstancias en su vida, tales como el mal carácter, las tentaciones y muchas otras cosas, ignorando el poder que tiene Dios para libertarlos y purificarlos. El altar era el lugar donde se quemaba la grosura del animal para purificarlo y así la ofrenda sería consumida por la presencia de Dios. Lo mismo ocurre con nosotros, todos los defectos, todas esas cosas que no le agradan a Dios y que no son dignas de él, pueden ser consumidas en su Altar, porque ese es el lugar donde somos purificados.

Querido amigo quiero decirte que todo se quema en el altar de Dios, ese es el lugar donde se queman todas las impurezas, la grosura, el pecado  y todo aquello que no sirve. Quiero decirte que nunca serás ese hombre o esa mujer de Dios si no te expones a su presencia y te acercas a él con fe. Es el deseo de Dios que dejes  todo complejo y eches fuera toda acusación que Satanás ha puesto sobre tu vida, haciéndote creer que Dios no te acepta y que no te puede recibir así. En la carta a los  Romanos 5:10, dice su palabra: “Porque si siendo enemigos, fuimos reconciliados con Dios por la muerte de su Hijo, mucho más, estando reconciliados, seremos salvos por su vida”.

Dios nos enseña con su palabra que él es fuerte, misericordioso, compasivo que hace misericordia a millares, perdona la iniquidad, la rebelión y el pecado. En la medida que nos acerquemos a él seremos transformados, ya que no es la voluntad de Dios que nos alejemos cuando fallamos, sino que descubramos que solo en su presencia podemos cambiar. Siempre ten presente que la solución no es huir y apartarse, sino acercarse y dejar que el fuego de Dios consuma toda debilidad.

El deseo de esta palabra es que conozcas el corazón del Padre, del Dios maravilloso y poderoso que tenemos, al cual servimos y adoramos. Por eso, si a pesar de tus errores te acercas a él con un corazón sincero y en plena certidumbre de fe, confesando tus pecados mostrando una posición genuina, el Altar de Dios consumirá  todo lo malo.

Dios te bendiga. Pastor Richard Rodríguez.


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